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Ya desde el concilio V de Letrán, en 1512 y convocado por el Papa León X, se tenía como tema central: “La Reformación de la Iglesia”.

Juan XXIII

En el Concilio Ecuménico Vaticano II, de 1962 a 1965 convocado por el Papa Juan XXIII y finalizado por el Papa Pablo VI, nos presentan temas de gran valor que, hasta el día de hoy, mucho se desconoce. Por ejemplo:

El Decreto “Unitatis Redintegratio”, sobre Ecumenismo, nos dice: “En este movimiento de unidad”, llamado ecuménico, participan los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador, esto lo hace no solamente por separado, sino también reunidos en asambleas en las que oyeron el Evangelio y en los que cada grupo llama Iglesia suya y de Dios. Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que e 1 mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloría de Dios”. San Juan en el Evangelio nos dice: “Padre, que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me enviaste”. Jn. 17, 21.

La Declaración “Dignitates Humanae”, sobre la dignidad del hombre; “‘Esta exigencia de libertad en la sociedad humana se refiere sobre todo a los bienes del espíritu humano, principalmente los que atañen al libre ejercicio de la religión en la sociedad”. San Juan en su Evangelio nos dice: “Padre, los que son del mundo no te conocen; pero yo te conozco y éstos también saben que tu me enviaste” Jn. 17, 25.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, iniciada en Francia clamando por el Tercer Estado, se dio la base inicial para la Declaración de los Derechos Humanos el 27 de Agosto de 1789, pero no fue hasta el 10 de Diciembre de 1948 donde aparece ante las Naciones Unidas el concepto de “Universalidad”, en este sentido, abogamos al artículo 18 de dicha Declaración que nos dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la, libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la practica, el culto y la observancia”.

Así que, cualquier persona puede ser lo que quiera y crea bueno en su vida y conciencia, dispuesta a respetar las escogencias de los demás y exigiendo respeto de la escogencia personal de Fe y Credo religioso.

El Vaticano no ha rechazado o considerado a esta Misión como cisma, si no que más bien, el Cardenal Joseph Ratziger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ha legitimado esta Misión eclesial en el artículo 17 de Declaración: “Dominus lesus”, que literalmente nos dice: “Las iglesias que no están en perfecta comunión con la Iglesia Católica pero se mantienen unidas a ella por medio de Vínculos estrechísimos como la Sucesión Apostólica (explicada anteriormente), y la Eucaristía Válidamente consagrada, son verdaderas iglesias particulares”.

Ello significa que la Misión Parroquial San Pablo de Tarso es parte integrante de la “Única Iglesia de Cristo”.

Uno de los nuevos Cardenales de Alemania: Mons. Karl Lehmann, recién nombrado por su Santidad el Papa Juan Pablo II, se está pronunciando a favor de los cambios propuestos por la Misión Parroquial.

La congregación para la Doctrina de la Fe, es la encargada de promover y tutelar de la doctrina sobre y la Fe de las costumbres en todo el orbe católico; por lo tanto, es competencia suya lo que de cualquier manera se refiere a esta materia.

Reformas fundamentales o cambios que se deben dar en la Iglesia por diversas necesidades y que la ha presentado como Misión de cómo el esfuerzo de millones de católicos romanos por todo el mundo que han escrito al Vaticano peticiones de reforma de la misma Iglesia, esto es pues, los puntos de disputa que promueve la Misión:

La participación de mayor número de laicos en la administración de la Iglesia. “Los doce apóstoles reunieron a todos los creyentes y les dijeron: No esta bien que nosotros dejemos de anunciar el mensaje de Dios para dedicarnos a la Administración”. Hch. 6, 2.

Mayor énfasis en el “Evangelio Social” que dama por la justicia social para con los pobres y para la inclusión de aquellos que han sido rechazados por la sociedad. Una “Teología de la liberación” para aquellos sin derechos. Recordemos Mateo 25, 35-45.

Elección de Obispos por los laicos y el clero por igual, como se hizo costumbre en los primeros siglos. “Por eso, hermanos, busquen entre ustedes siete hombres de confianza, entendidos y llenos del Espíritu Santo, para que los encarguemos a estos trabajos”. Hch. 6, 3-5. En historia recordemos al gran Santo Obispo de Hipona: San Agustín quien fuese consagrado en el año 395 por el Obispo Megalio, Primado de Numidia, a petición del Obispo Valerio y el pueblo.

La abolición de la excomunión.

“Pero a ustedes que me escuchan os digo: amad a vuestros enemigos, oren por quienes los insultan” Luc. 6, 27-28.

Si Cristo nos enseña esto: Con qué autoridad cristiana nosotros apartamos de la Iglesia a nuestros propios hermanos.

La inclusión de la Santa Comunión de aquellas personas divorciadas y vueltas a casar.

Pedro les dijo “… ustedes saben que a un judío le prohíbe su religión tener tratos con extranjeros o entrar en sus casas. Pero Dios me ha enseñado que no debo llamar profano o impuro a nadie”. Hch. 10, 28.

A este asunto, se les pide a los que se hacen llamar “cristianos”, que sean más amorosos con los que, por un error, han tenido que abandonar su cruz, que hasta cierto punto se había convertido en su yugo.

Comunión de Fe entre otros ritos católicos que tienen Sucesión Apostólica y comparten la misma teología de los Sacramentos. “Te pido que todos ellos estén completamente unidos, que sean una sola cosa en unión con nosotros, Oh Padre, así como tú estás en mí y yo estoy en tí. Que estén completamente unidos, para que el mundo crea que tu me enviaste”. Jn, 17, 21.

La opción individual de cada sacerdote de casarse o vivir en el celibato.

San Pablo nos dice: “… también que llevar con migo a una esposa cristiana, como hacen los otros apóstoles y los hermanos del Señor y Pedro” 1° Cor. 9, 5.

El Concilio 1 de Letrán en el aío 1123, convocado por el Papa Calixto II celebrado en el tiempo de “La lucha de las Investiduras”, se impuso el celibato y el incesto, pero no fue hasta 1139 en el Concilio II de Letrán convocado por el Papa Inocencio II que se consolidó la ley de la obligatoriedad del celibato sacerdotal.

San Pablo nos vuelve a decir “A los solteros y a las viudas les digo que es bueno quedarse sin casar, como yo. Pero si no pueden controlar su naturaleza, que se casen, pues más vale casarse que consumirse de pasión”. 1° Cor 7, 8.

Triste fue la noticia que nos expresó los diferentes medios de comunicación nacionales y extranjeros de las denuncias al Vaticano de religiosas que habían sido VIOLADAS por sacerdotes: que si no hubieran existido esta ley y se cumpliera la Palabra, no ocurrirían, y lo más preocupante: las hacían abortar; esto ocurrió en 23 países de mundo, en cuenta Brasil y Colombia.

INTER-COMUNIÓN ECLESIAL:

Incardinación

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